educación

el camino de tu vida

Enviado por rober en Dom, 27/02/2011 - 11:40

sorprende ver como los animales al nacer son capaces de levantarse y comenzar a interactuar con su entorno en periodos de tiempo mucho más cortos de los que un ser humano comienza a andar o a valerse por sí mismo. Nosotros llegamos a este mundo más desprovistos de recursos que los animales, pero es precisamente esta circunstancia la que fija una gran diferencia entre ambos. Una gacela no se puede permitir el lujo de no caminar en cuanto nace porque ello sería sinónimo de muerte segura. Un bebé tiene el amparo y protección de sus padres, y puede vivir durante varios años sin ser capaz de defenderse de una manera autónoma sin que ello signifique peligro alguno para su integridad física.

En el caso de los animales, su disco duro arranca con una cierta cantidad de información que los propios instintos definen y que garantizan mayores probabilidades de supervivencia en entornos hostiles y cambiantes. De esta manera, los procesos de aprendizaje siguen un guión que se repite generación tras generación y que no deja lugar a la imaginación. Los instintos mandan.

 

El ser humano parte de una situación totalmente diferente. Nuestro disco duro viene prácticamente vacío. Nacemos sin un guión claramente preestablecido, esta tarea se delega a cada individuo. Y es precisamente esa circunstancia la que hace que nuestros procesos de aprendizaje sean mucho más flexibles que los del resto de seres vivos, disfrutando de un amplio abanico de posibilidades, buenas y malas, que a la postre serán claves en la definición de la esencia de las personas. 

Bajo este cúmulo de circunstancias, el ambiente en el que aprenda la persona es fundamental ya que de nuestra relación con el medio surgirán comportamientos saludables o malsanos. La flexibilidad y el amplio rango de posibilidades de la que hablábamos antes, convierte a la persona en un ser indefenso a expensas de lo que le rodea. Si tiene la suerte de crecer en un lugar adecuado, con una educación y valores apropiados, es muy probable que esa persona viva una vida equilibrada. Un ambiente inapropiado convierte a la persona en un océano de emociones donde sube y baja la marea al ritmo que marca el entorno.

Por lo tanto, se podría decir que el proceso de maduración humana es el resultado de la interacción de nuestra herencia genética con un “yo” que se ha ido formando y definiendo como consecuencia de su contacto con diferentes ambientes.

 

Soy de los que cree en procesos de maduración continua. No creo que una persona pueda considerar que ya está “hecha” en un determinado momento de su vida. Las personas se definen desde el momento en el que nacen hasta el día en el que mueren, es por ello que todo cuenta en nuestro proceso de maduración. A lo largo de nuestra vida los ambientes cambian constantemente, pero hay uno de ellos que cada vez dura más tiempo y que juega un papel importantísimo en nuestras vidas. Se trata de nuestros trabajos, quizás sea este entorno el más prolongado en nuestras vidas, y quizás por ello sea uno de los que más influye en nuestra construcción como seres humanos.

Vivimos tiempos de paro y crisis, y cada vez la cosa deja menos margen para escoger buenos lugares donde trabajar, además, resulta que todo el mundo quiere trabajar en ellos... ¿por qué será?.

 

Nuestra familia nos viene dada, no podemos elegirla, la lotería de la vida nos otorga unos padres que jugarán un papel fundamental en nuestro proceso de desarrollo. En el caso del trabajo, sí que tenemos la posibilidad de elegir. A pesar de que las cosas no son fáciles, nosotros tenemos la llave que abre las puertas que tenemos delante. 

Por otro parte, las empresas que sean capaces de generar ambientes apetecibles, ambientes de equilibrio y desarrollo, donde las personas puedan ser ellas mismas y donde crecer sea parte del paisaje, tendrán la clave para atraer a lo mejores y más equilibrados profesionales.

la buena educación

Enviado por rober en Sáb, 12/02/2011 - 02:27

acabo de leer uno de esos libros que te elevan el espíritu. Se trata de Marva Collins´ Way (sólo existe en inglés), la inspiradora historia de una ferviente creyente en el ser humano y sus capacidades. Marva es bien conocida por sus resultados en el mundo de la educación, estos se podrían resumir en la construcción de personas descartadas por el sistema educativo norteamericano, en estudiantes brillantes conscientes de sus posibilidades y potencial. El libro es una biografía que resume su camino hasta convertirse en una referencia a nivel mundial en sus métodos de enseñanza.

El principio básico de Marva Collins es el amor por los niños. Creer en ellos lejos de etiquetas, diagnósticos previos, comportamientos pasados,... A lo largo del libro relata cómo en múltiples ocasiones los niños son repudiados por el sistema al ser tachados como hiperactivos, sufrir todo tipo de desórdenes psicológicos,... este hecho construye reputaciones que se heredan de centro en centro haciendo que los chavales nunca puedan llegar a adquirir las capacidades básicas de su edad. El sistema los convierte en “no válidos”. 

Los métodos de Marva obvian esta información y trabajan desde el punto en el que se encuentra el niño, generalmente, y debido a su historial, niños conflictivos con graves problemas intelectuales y sociales. La historia de su hazaña consiste en cambiar esta creencia, en descartar ideas preconcebidas, en la mayoría de los casos de manera errónea, y demostrar que a través del amor, por los niños y por su profesión, se pueden conseguir resultados realmente espectaculares.

 

Su historia sigue una serie de pasos que considero fundamentales en la construcción de las personas, y ya no sólo hablo de los niños, estos principios son totalmente necesarios en empresas y todo tipo de instituciones. La palabra que mejor resume su trabajo es la confianza, la confianza en varias versiones, primero la confianza del profesor hacia el alumno, creer en sus posibilidades y capacidades, pero también la confianza del niño en sí mismo. Generalmente, estos niños carecen de la misma debido a los diferentes palos que han ido sufriendo en su corta vida. Construir el amor por uno mismo y la autoconfianza en sus posibilidades convierte a un niño indefenso en un ciudadano del mundo.

El error es otro bloque fundamental en los principios de Marva, niños acostumbrados a ser castigados cada vez que cometen un error los convierte en seres encerrados en ellos mismos que les impiden salir y experimentar en un mundo lleno de fallos e imperfecciones. El error no se corrige el día del examen, el error es una oportunidad para saber qué es lo que no entiendes y aprovechar ese momento para trabajarlo. Retrasar esa oportunidad convierte esa ventaja en una ineficiencia del sistema.

Como visionaria, ya en los años 70 Marva Collins creía en el modelo 3.0 basado en la individualización,  trabaja en clases con niños de diferentes edades y niveles formativos, y tiene claro desde el minuto uno que cada uno de ellos tiene que hacer tareas diferentes, leer libros diferentes y ser evaluado de manera diferente. Estandarizar anula la grandeza del individuo convirtiéndolo en un número que oculta su potencial e intereses.

Las materias no son islas. Cuando aprenden a leer, aprenden historia, la historia les lleva a la geografía que a su vez les permite entender las matemáticas. Todo está relacionado, nada existe en un mundo único. Un mundo donde no se evita las grandes realidades del ser humano: la venganza, los celos, el asesinato,... realidades sociales que no se ocultan, todo lo contrario, se utiliza a Shakespeare, Aristóteles, Nietzsche,... y muchos otros para entender y debatir el porqué de lo que sucede en el mundo. Creer que un niño no va a entender estas lecturas es otra forma de limitar su aprendizaje. Lo que Marva consigue es hacerles entender el trasfondo de las historias, sus mensajes y las lecciones que de ellas se desprenden.

 

Las ideas que se obtienen de la lectura de este libro son innumerables. Debería ser una lectura obligatoria para todos los profesores de nuestro sistema educativo, pero también para padres y managers que tengan personas bajo su responsabilidad. Todos ellos tienen el deber de ayudar a la persona a descubrir sus grandezas, a multiplicar sus capacidades y a encontrar su lugar en este mundo. Sé que no es tarea fácil, pero con pensar que es difícil nos quedamos donde estamos.

la procrastinación

Enviado por rober en Sáb, 22/01/2011 - 17:32


las tentaciones son un patrimonio de la humanidad, además, cada vez son mayores y más poderosas. Nos rodean, están por todas partes. Y parece que nuestros sentidos sólo le prestan atención a ellas... ¿por qué delante de una frutería no reaccionamos igual que delante de una pastelería?. La carne es débil, es algo que siempre se dice y que realmente es cierto. No conozco a nadie que no sucumba a algún tipo de tentación. Este debilidad también es conocida como la procrastinación, un deporte que todos practicamos en algún momento y en el que hay verdaderos profesionales. No sé si se podría llamar defecto, pero esa tendencia natural que tenemos de aplazar lo que no nos gusta para hacer primero algo que nos agrada más, a pesar de que esto sea mucho menos importante, es una cualidad común al ser humano.

 

Quién no sabe que fumar mata, o que hablar por el móvil en el coche es causa de accidentes, quién no reconoce los beneficios del ejercicio físico regular como el mejor antídoto contra la enfermedad. No creo que nadie tenga duda alguna sobre ello, pero ahora preguntaría: ¿cuánta gente conoces que fume?, ¿has hablado alguna vez por el móvil mientas conducías?, ¿practicas ejercicio de forma regular?, y si lo haces, ¿cuántas veces el sillón de tu casa te ha llamado a gritos para que no lo abandones por tus zapatillas de deporte?. Todos tenemos claro los beneficios de determinadas acciones a largo plazo, pero es el corto plazo, el placer instantáneo, el comportamiento irracional, el que guía nuestras acciones. Conscientes de ello, fabricantes de coches, de teléfonos móviles, de electrodomésticos,... intentan constantemente suplir esta “deficiencia” de la persona con sistemas de seguridad que permitan minimizar los efectos perniciosos de la procrastinación, pero  a pesar de los pesares, nuestra capacidad para anteponer el corto al largo plazo sigue provocando un sin fin de comportamientos irracionales de los que seguro tú podrías redactar una buena lista.

 

El ser humano es un manojo de instintos, no muy diferentes del que disfruta el resto del reino animal, y es precisamente la procrastinación la que nos acerca al mundo animal y nos aleja del mayor de los poderes del ser humano: ser responsables de nuestras acciones. Quizás las sociedades del futuro destaquen por ser capaces de anular los efectos negativos del poder de algunos de esos instintos. Es precisamente nuestra consciencia la que nos debe hacer dueña de nuestros actos, dejar que nuestros instintos decidan por nosotros no nos deja en mejor lugar que un león, un primate o un ratón. Quizás la base de la procrastrinación sea la falta de autocontrol, igual que los niños que se hacen pis en cama. Y lo más contradictorio de la situación es que nosotros, procrastinadores por naturaleza, tratamos de educar a nuestros hijos para que no lo sean. Al final ellos no dejan de repetir lo que ven a su alrededor y eso provoca una espiral que genera un ser humano esclavo de su pereza, de su incapacidad para tomar decisiones correctas a largo plazo. En paralelo, la tecnología que creamos diseña miles de sistemas para ayudarnos a ser cada vez menos esclavos de la procrastinación, pero lo único que consiguen es hacernos todavía más dependientes. ¿Será este la cura a nuestra pereza, o quizás sea una de las causantes de una dependencia cada vez mayor de gadgets antiprocrastinación?. ¿Quizás la tecnología nos convierte en seres menos capaces de auto controlarnos? no lo sé, pero me da la sensación de que muchas de estas tecnologías son incompatibles con el ser humano, es cierto que alimentan y ayudan a que nuestra falta de autocontrol no se convierta en una debilidad fatal, pero realmente están vaciando la esencia del ser humano y acercándolo un poco más a esos animales que viven la sabana. Recordemos que somos responsables de educar a las generaciones futuras, no descarguemos toda la responsabilidad de evitar este tipo de comportamientos en las tecnologías, ellos serán el espejo de lo que nosotros somos. 

 

Conociendo los efectos perniciosos de la procrastinación, es cosa nuestra diseñar sistemas que ayuden a suplir esta fragilidad, que nos permitan mejorar nuestro autocontrol y sobre todo que nos ayuden a ver los beneficios a largo plazo de asumir determinados “sacrificios” en la inmediatez del momento. Como sociedad, es enormemente beneficioso saber cuándo fallamos y ser capaces de diseñar o inventar nuevas formas de vencer a nuestros errores, pero para ello no creo que necesitemos la tecnología, nosotros poseemos la mayor de las computadoras, os recuerdo que está encima de nuestros hombros.

010111

Enviado por rober en Vie, 31/12/2010 - 11:30

 

tengo la fortuna de trabajar en una empresa en la que creo y por la que apuesto. Es una empresa de servicios, de esas que vive gracias a sus clientes, esos señores y señoras que pagan religiosamente cada mes por un servicio que permite que gente como yo pueda escribir estas líneas. No me puedo quejar de nada, pero a pesar de ello, hay algo en mi interior que no me deja estar del todo bien. Se trata de los clientes, se trata de la gente, esos que hacen que las empresas existan y nuestro sistema funcione.

 

Hoy termina el 2010 y muchas de esas personas lo están pasando realmente mal. Este blog no se caracteriza por criticar o hablar de las malas noticias, pero hay situaciones que no se pueden pasar por alto. Cerramos una década que deja un resumen complicado. Hemos vivido la mayor abundancia que jamás haya existido, y no hemos sabido conservarla. Lo hemos tenido todo y lo hemos perdido... la historia se repite. ¿Por qué no sabemos hacer nuestra esa abundancia?, ¿por qué no sabemos hacer que dure?, ¿será quizás porqué no sabemos tenerla?. Esa, creo yo, es la respuesta: no sabemos ser y por eso no podemos tener.

Cuando tenemos más de lo necesario, nuestro ser se transforma en una versión grotesca de nosotros mismos. Los sueños de los ganadores de la lotería, en su mayoría, consisten en ser otras personas. Craso error. Pocos son los que saben hacer crecer las ganancias, y menos los que lo hacen sin cambiar su escala de valores.

 

Estamos padeciendo una crisis porque no sabemos ser. Nos han engañado haciendo pensar que con un título universitario eras el rey del mundo. Miles de personas atrapadas en un sistema diseñado para deprimir y frustrar el futuro de nuestro país. Un exceso de formación vacío de sentimiento, de emoción. Estudiar para ser médico, abogado, ingeniero, informático,... Estudiantes víctimas de sueños ajenos que modifican sus sistemas de creencias y que olvidan la importancia de asignaturas tan importantes como la de ser persona. 

La maquinaria educativa, totalmente arcaica, es una de las razones de esta crisis del ser que sufre nuestro país. Pero no podemos olvidar el papel de los educadores (hablo de los padres) en todo este proceso. En casa comienza este camino y no vale externalizar esta responsabilidad. Nuestros hijos son el fruto de nuestras decisiones y actuaciones, quizás entre todos tengamos la clave para cambiar esta tendencia y ayudar a la gente a saber lo que quiere ser. 

Jugar con este tipo de variables es peligroso y puede acarrear grandes problemas, algo así como un mercado laboral totalmente inadecuado a la realidad existente. Una “fuerza de trabajo” obsoleta antes de que empiece el partido. Una fuerza de trabajo a la que se le ha inculcado una falta de ilusión y compromiso con las cosas. De la fuerza de voluntad mejor ni hablar... cientos de mensajes recordando lo grato que es tener sin hacer. Venta de lo fácil, de lo directo, del sin esfuerzo. ¿Realmente nos ayuda esto?, claro que no nos ayuda. El caso es que me parece tan evidente, que no alcanzo a entender por qué quien puede cambiarlo no lo hace, por qué los que se tienen que poner de acuerdo no lo consiguen. ¿Qué hay detrás de este teatrillo inútil?. Fácil; todo eso en lo que hemos convertido el sistema antes descrito. Una falta enorme de amor por su trabajo, un olvido colectivo de lo que significa la vocación, una ausencia absoluta de voluntad, una falta de compromiso infinita, y por lo tanto, una carencia brutal de responsabilidad.

 

Pero lejos de parecer un mensaje pesimista, es una invitación a que en la próxima década luchemos todos juntos, y con todas nuestras fuerzas, contra ese mensaje apocalíptico. No creo que sea tan difícil encontrar modelos sustentables en el largo plazo y que no atenten contra el bienestar de las personas, pero no un bienestar material, yo hablo de un bienestar interior, de esos que te permite ser tu mismo. Hemos abdicado del derecho de ser libres y nos hemos aferrado a un sistema que premia el éxito rápido y “fácil”. Hemos cerrado nuestras mentes convirtiéndolas en laberintos en los que se extravía el sentido. Es nuestro deber abrirlas de nuevo, aceptar otros puntos de vista, ser lo suficientemente humildes como para integrar en nosotros mismos otras formas de pensar.

 

Esos son mis deseos para 2011: Responsabilidad, Humildad, Pasión y Vocación. Cuatro valores, que a la vista de los acontecimientos, parece que escasean, pero que si logramos reanimar, nos ayudaran a construir un futuro mucho más esperanzador y humano y en el que la incongruencia y la mentira tenderán a desaparecer.

Espero que esos clientes de los que hablaba al principio puedan tener algo de esto, sé que eso me permitirá seguir disfrutando de mi trabajo. Egoísta, lo sé, pero para todos, no sólo para mí. 

 

Bienvenido a 2011!!!

realidad virtual

Enviado por rober en Dom, 10/10/2010 - 21:45

biografías inspiradoras, éxitos profesionales, hazañas deportivas, grandes descubrimientos, historias de amor, ... todas tienen algo en común: la fuerza de voluntad y la perseverancia. Puedes escoger la historia del personaje cuyos éxitos te gusten más, léelo y reléelo, te darás cuenta de que en el trasfondo de la historia no se habla de lo listos que son los protagonistas, más bien se habla de trabajo duro y sacrificio, mucho sacrificio. Esto me recuerda el famoso dicho que reza: “el que la sigue la consigue”. La historia ha sido y será de los que lo intentan y trabajan duro por conseguir aquello que quieren. De nada sirve tener habilidades innatas excepcionales si éstas no se trabajan y moldean para perseguir los objetivos deseados. Estoy seguro de que todos tendremos en mente personas con un gran talento natural pero que debido a su falta de constancia y trabajo lo han tirado todo por la borda.

 

La constancia va de intentar, intentar y volver a intentar, para ello hay que entrenar y trabajar durante largos periodos de tiempo. El proceso exige muchas horas de presencia, pero la ciencia nos está demostrando que esta presencia puede adoptar formas diferentes.

Investigadores del departamento de Neurociencia de la Universidad Northwestern han publicado un estudio en Journal of Neuroscience en el que detallan los pormenores de experimentos que demuestran que la práctica excesiva en cualquier actividad puede ser igual de efectiva que la práctica intercalada con periodos de descanso. Durante estos periodos de descanso, los participantes en el experimento eran expuestos a estímulos pasivos relacionados con la tarea objeto del estudio.  

Invertimos gran cantidad de tiempo entrenando para mejorar nuestras capacidades, ya sea para aprender a leer, jugar al tenis o pilotar un avión. En la actualidad asumimos que para mejorar nuestras habilidades tenemos que practicar, pero este estudio nos revela que hay otras vías complementarias para mejorar nuestras capacidades más relacionadas con el pensar que con el hacer. Pero que nadie se piense que ésto exime de practicar, dormir con el libro debajo de la almohada no hará que entendamos lo que contiene.


El psicólogo Stephen Kosslyn ha recibido un gran número de reconocimientos por sus trabajos en el campo de las imágenes mentales, disciplina que estudia cómo nuestra mente reproduce estímulos externos cuando éstos no están presentes. Cuando estamos viendo un objeto hay una parte de nuestro cerebro que está trabajando, cuando cerramos los ojos y nos imaginamos ese mismo objeto, son las mismas partes del cerebro las que funcionan para permitirnos ver en nuestro interior esa misma imagen. Algo similar ocurre cuando soñamos. Hay ocasiones en las que los sueños parecen tan reales que podemos hasta “tocarlos”, nuestra mente es capaz de reproducir sensaciones, emociones, y experiencias sin que nosotros estemos allí.

 

Los trabajos de Kosslyn y los experimentos del departamento de Neurociencia de la Universidad Northwestern abren un nuevo campo al mundo del aprendizaje. 

La dificultad que posee nuestro cerebro para diferenciar la realidad de la ficción nos dota del mejor simulador que nos podamos imaginar. Es precisamente este “defecto de fábrica”, junto con los estímulos necesarios, lo que nos permite practicar sin necesidad de hacer. Visualizar y repasar en nuestra mente la realidad que queremos y buscamos, tal y como hacen muchos deportistas capaces de correr una carrera de 1500 metros antes de que se produzca. Esto les permite ver dónde tienen que mejorar y por tanto saber qué es lo que tienen que practicar. Si sólo entrenasen corriendo podrían llegar a desgastar los músculos que serán vitales en el momento de la verdad. Es preciso utilizar la cabeza y ponerla al servicio del objetivo final, simulando y viviendo una realidad virtual.

olvidar para aprender

Enviado por rober en Vie, 13/08/2010 - 22:38

 Borges, en su colección de cuentos “Ficciones”, nos presenta un personaje llamado Funes, al que denomina el memorioso. Funes poseía el “maravilloso” don de tener una memoria prodigiosa. Para Funes era imposible olvidar cualquier cosa perceptible a sus sentidos, de manera que cualquier detalle de su vida, por insignificante que pareciese, quedaba grabado a fuego en su memoria. Era tal la cantidad de información que atesoraba, que escribir un libro autobiográfico le llevaría tanto tiempo como el que había vivido.

¿Quién no consideraría a Funes un superdotado?, alguien capaz de recordar absolutamente todo lo que se le antoje, poseer una memoria equiparable en funciones a la de un ordenador: almacenaje de información y consulta inmediata de la misma.

Para Funes era imposible olvidar, o como dice el autor, carecía de la capacidad de pensar:”pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.” 


Una de las cosas que llama la atención de los niños es la gran capacidad que poseen para aprender cosas nuevas: moverse, caminar, hablar, entender, ... Personitas con cerebros limpios deseando ser amueblados. El proceso es lento pero constante, y a medida que se incrementa la cantidad de información de la que disponemos, éste se ralentiza y la plasticidad de antaño se convierte en rigidez y esfuerzo. A mayor número de datos, mayor número de conexiones neuronales, de creencias, de estereotipos, de ideas preconcebidas, lo cual complica los procesos de aprendizaje. Surge entonces la necesidad del proceso contrario: desaprender para aprender de nuevo.

Parte del conocimiento se queda obsoleto y eso implica que un porcentaje importante de nuestro aprendizaje también caduque. Lo que un día aprendimos, con el paso del tiempo evolucionará y será necesario aprenderlo de nuevo, pero si lo aprendido antaño esta tan arraigado en nuestra mente que nos impide entender y aplicar lo nuevo, realmente tenemos un problema. Éste es perfectamente observable en personas que se rinden a la hora de aprender cosas nuevas, esclavos de frases del estilo: “es que siempre se hizo así”, “qué me vas explicar tú a mí que llevo toda la vida haciéndolo”, “ya soy muy mayor para esto”, “eso de la tecnología no va conmigo, soy inmigrante digital”, ....


Olvidar es tan importante, o más, que recordar. Ambos son partes fundamentales del proceso de aprendizaje, lo que ocurre es que nuestro modelo educativo premia la memoria, retener grandes cantidades de información en la cabeza para demostrar que hemos estudiado la lección. Modelos de aprendizaje centrados en las capacidades memorísticas dificultan la capacidad de desaprender para olvidar lo inútil. ¿Cuánta gente con expedientes académicos brillantes conoces que luego no han triunfado profesionalmente?, ¿y el caso contrario?. Grandes memorizadores incapaces de entender el complicado mundo profesional. Un mundo lleno de metáforas, de política, de personas que cambian constantemente. En este mundo los patrones, los datos o el hecho, ayudan, pero no son suficientes. Venimos de un mundo sin ordenadores, donde la memoria tenía un valor mayor del que tiene hoy en día. En ese pasado necesitábamos de la memoria para conservar el conocimiento, para hacerlo crecer. Pero el papel, la escritura, y posteriormente los ordenadores, fueron restando parte de la importancia que tenía la memoria y dejando paso a la capacidad de pensar de manera creativa, autónoma e independiente. La memoria aporta datos ya conocidos, pero nos dificultaba descubrir nuevas realidades.


Mega, gigas y teras de información en nuestros bolsillos, una Red que dispone de todo aquello que necesitemos, googlelización de todas nuestras preguntas,... En este siglo, la memoria pierde un poco más de protagonismo y lo realmente valioso será la capacidad de entender la realidad y su entorno, de olvidar lo superfluo y centrarse en lo realmente importante, en definitiva, la capacidad de desaprender y olvidar. ¿A que parece fácil?, Para empezar, trata de olvidar las diferencias que te separan de otras personas ....

las buenas personas, ¿nacen o se hacen?

Enviado por rober en Mar, 03/08/2010 - 23:38

  David Weikart era un psicólogo americano que en los años 60 realizó un famoso experimento llamado Perry Preschool Program. Con este estudio, el profesor Weikart pretendía demostrar los efectos a largo plazo que tienen los sistemas de pre-escolarización. Para ello se contó con 123 niños afroamericanos, de entre 3 y 4 años, procedentes de familias con pocos recursos. Estos niños fueron separados aleatoriamente en dos grupos, al grupo objeto del estudio se les asignó un programa de preescolar de alta calidad, mientras que al grupo de control no se les ofreció programa alguno. Los participantes en el estudio fueron monitorizados durante varias décadas después para poder medir los resultados del experimento. Las conclusiones fueron claras: los niños que participaron en los programas de pre-escolarización, una vez adultos, tenían un 20% más de posibilidades de terminar secundaria, un 19% menos de haber sido arrestados más de cinco veces, conseguían mejores notas, tenían más posibilidades de seguir casados y además eran menos dependientes de los programas de ayuda ofrecidos por el Estado.

 

Es llamativo que los resultados no hablen de la inteligencia general o del coeficiente intelectual. De hecho los niños que participaron en los programas de pre-escolarización tenían una ligera ventaja en lo que se refería a inteligencia general, pero ésta desaparecía cuando ambos grupos llegaban a secundaria. Sin embargo, lo que sí que parecía diferente entre los niños de los dos grupos eran las habilidades no cognitivas: el autocontrol, la persistencia, la firmeza, .... En una sociedad obsesionada por la inteligencia, este estudio deja claro que nuestra inquietud va mal encaminada. 

La cualidad más valorada por los empleadores es la confianza, mientras que la tríada perseverancia-confianza-coherencia es la mejor predictora de las notas en el colegio. Ninguna de las características comentadas tiene nada que ver con la inteligencia general, y esto es muy buena noticia, porque mientras que la inteligencia está altamente ligada a la herencia genética, las habilidades no cognitivas son maleables y por lo tanto se pueden aprender. A la vista de los resultados del experimento, es probable que la escolarización precoz no nos haga más inteligentes, pero quizás contribuya a diseñar buenas personas, lo que es mucho más importante.

 

Las empresas contratan a las personas por sus competencias técnicas y las despiden por sus incompetencias sociales. Esta frase resume a la perfección las conclusiones del estudio del profesor Weikart. Fábricas de competentes intelectuales e incompetentes sociales. Muchas matemáticas y poco autocontrol. Mucha historia y poca perseverancia. Mucha física y poca coherencia. De nada sirve la obsesión por construir profesionales altamente cualificados cuando la  práctica nos demuestra que todo ese potencial es insuficiente cuando llega al mundo real. Profesionales de probeta, objeto de debates estériles que políticos y gobernantes utilizan como arma arrojadiza, olvidando que esto es lo que diferencia las sociedades avanzadas de las que no lo son.

Las empresas no deberían dedicar tiempo y recursos a formar a sus profesionales para que adquieran las competencias básicas de las que estamos hablando. Por ahora no conozco ninguna organización cuya misión sea esta, pero sí que me suenan organizaciones de éxito donde estos valores son parte de la cultura corporativa, donde eso que se adquiere en primaria forma parte de los códigos éticos de la empresa y donde todos los profesionales viven esos valores con naturalidad, una naturalidad que sólo puede existir cuando dichos principios han sido bebidos desde temprana edad.

 

Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo son las prisas, y en este caso ocurre algo parecido. Tenemos prisa por todo, también por formar y educar a nuestro futuro. Y suele ocurrir que las prisas son malas compañeras .... ¿no me crees?, pues escucha alguno de los datos obtenidos del Perry Preschool Program : el coste por niño por un programa de pre-escolarización de dos años era de 5.984$ del año 1979. Los beneficios fueron:

  1. 3.353$ de ahorro por niño en escuelas públicas ya que la educación preescolar evita la educación especial.
  2. 10.798$ de ingreso por niño debido a las ganancias adicionales que generará a lo largo de su vida profesional a causa de la mejora en su estatus educativo.
  3. 668$ de valor estimado por el tiempo disponible de las madres mientras sus hijos acudían a la escuela primaria.

 

El resultado final de esta cuenta supone un retorno de la inversión de un 248%. Lo que ocurre es que este ROI no es inmediato, no sucede de la noche a la mañana. 

Mientras midamos la rentabilidad de estas acciones en números de votos, en periodos temporales de 4 años, en deseos de padres frustrados, en la búsqueda de atajos, en la fama y el éxito express,...  nos va a ser muy difícil conseguir cifras de esta magnitud.

Una vez más el refranero popular tiene una receta fantástica: “vísteme despacio que tengo prisa”. 

el poder de las preguntas

Enviado por rober en Mar, 22/06/2010 - 23:03

 ¿la tierra es plana o redonda?, ¿por qué las manzanas caen de los árboles?, ¿por qué veo antes el rayo y escucho luego el trueno?, ¿por qué llueve?, ¿por qué el agua del mar es salada y la de los ríos dulce?, ¿por qué hay mareas?,... han sido las preguntas las que nos han permitido evolucionar. Las respuestas son meras consecuencias de las mismas, sin las primeras no podrían existir las segundas. Si alguien no hubiese pensado en estas preguntas, y muchas otras, no habríamos podido descubrir lo que hay detrás de cada una de ellas. Las preguntas fijan el foco y definen el marco de la realidad que percibimos. La pregunta es el principio de la acción, de la reflexión y del pensamiento. Sin las preguntas sólo hay más de lo mismo.


Es evidente el poder que tienen las preguntas, pero a pesar de la evidencia, nuestra sociedad insiste en darle un mayor protagonismo a las respuestas. Son éstas las que realmente valoramos. La respuesta “correcta” es lo que perseguimos como si del Santo Grial se tratase. La verdad absoluta, el poder de tener la razón, eso es lo que realmente importa. Auténticas competiciones para convertirnos en los más listos de la clase, los que se las saben todas, los que nunca fallan. Todos queremos ser infalibles, los reyes del Trivial Pursuit. Vivimos en un examen constante tratando de responder a las preguntas y nos creemos muy listos porque en el examen siempre se hacen preguntas muy parecidas, pero lo que ocurre es que no nos damos cuenta de que lo que realmente cambia son las respuestas. 

 

Imagínate paseando por una calle atestada de gente. De repente oyes tu nombre, te vuelves y buscas con la mirada a la persona que te está llamando. Cuando la encuentras diriges tu mirada hacia ella y comienzas a caminar a su encuentro. Todo lo que te rodea pasa a un segundo plano y lo que realmente centra el foco es tu interlocutor.

El noble y antiguo arte de preguntar guarda muchos paralelismos con lo que acabo de describir. Las preguntas poseen el poder de despertar nuestra atención, de dirigirla hacia el objeto de la pregunta provocando que todo lo demás pase a un segundo plano. Al igual que en la calle atestada, nuestra atención desprecia todo aquello que no tiene que ver con lo que se pregunta.


Con las características descritas, la pregunta se muestra como un arma muy poderosa, pero, como todas las armas tiene un doble filo. Si se utiliza correctamente tiene efectos muy positivos, pero cuando se utiliza mal es sinónimo de destrucción. Por ejemplo, si te preguntase: ¿qué tres defectos destacarías de tu jefe?, tu mente comienza a buscar en sus estanterías aquellas cosas malas o que menos te gustan de él/ella. Tu atención centra todo su potencial en lo malo, en el defecto. Un pensamiento destructivo que acelera sentimientos como el enfado, la ira, el odio, la resignación, la envidia, ...

Por el contrario, si te pregunto: ¿qué tres virtudes destacarías de tu jefe?. Esta pregunta obligaría a tu cabeza a repasar sus archivos para buscar lo bueno. En este procesos es posible que surjan sentimientos de amabilidad, de gratitud, de humildad, de admiración, de compromiso, ... 

Como ves, la pregunta posee las dos caras de una misma moneda. Una de ellas es la destrucción, lo negativo, el poder del defecto, los ladrones de la felicidad. La otra cara es la construcción, lo positivo, el camino de la generosidad, de la conexión, de la búsqueda de los nexos de unión. 

Es evidente que todo el mundo tiene defectos, que nada es perfecto, que quejarse mola y da mucho gustito, que la pose de encontrar los peros es muy sofisticada, pero todo esto ayuda bien poco a hacer que las cosas sucedan. Pensar en lo que nos une ayuda a superar lo malo, a deshacernos del dolor y sufrimiento de lo negativo y centrarnos en las soluciones, en avanzar, en disfrutar del presente para poder mirar hacía delante.

 

Preguntar es un acto de responsabilidad. Cuando tengas que hacerlo piensa en que cara de la moneda quieres que decida el resultado, porque lo mismo se puede preguntar de múltiples maneras. 

Suscribirse a RSS - educación